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“Si no tienes una base, entonces mañana se va a bailar el Tango con pasos de bachata”

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Carlos “El Tordo” Maturano, Presidente de la “Academia Nacional de Tango de la República de Austria” y de la “Escuela Europea de Tango” nos revela en esta entrevista su vida, sus anécdotas y sus éxitos.

Texto Laura Garrido

Las historias se suceden sin darse tiempo entre ellas a ser acabadas. Las fechas se muestran complicadas de ser ordenadas, pareciendo imposible que todo lo ocurrido pueda caber en una vida. Viajamos al epicentro del Tango con esta entrevista al Presidente de la Academia Nacional del Tango de la República de Austria, Carlos “El Tordo” Maturano, quién también está al frente de la Escuela Europea de Tango, ambas con sede en Salzburgo, donde el bonaerense reside desde que ese destino que maneja los hilos de su biografía le trajera a la ciudad en la que asegura haber encontrado su lugar. Ha sido periodista con productora propia, paracaidista y gerente de un gran gimnasio, peluquero de renombre, caddie de golf y un gran apasionado de los idiomas, pero el Tango es lo que ha dado sentido a su vida.

Has hecho muchas cosas en la vida. ¿Ha sido la más importante el Tango? Sí, realmente sí. El Tango fue lo más importante y es lo más importante. Pero no al principio. Al principio era una actividad underground, de los arrabales. Yo empecé a los cuatro años y tengo 67 años. La familia de mamá era de Avellaneda, que era el área circundante al Río de la Plata. Bien porteña, donde el Tango nació. Así que ahí estaba yo siendo un niño con dos padres completamente diferentes. Mamá, loca por el Tango, con una personalidad muy cercana a mí, y papá que no tenía nada que ver, que era gerente de la IBM en la Ciudad de Córdoba, Argentina. Yo veía a mamá que salía a bailar con su padrino. Él se ponía un cuchillo debajo de la axila para ir a la Milonga porque algunas eran peligrosas. Yo estaba fascinado. Cuando tuve 18 años, él me regaló ese cuchillo lleno de historia, ahora nada más que un símbolo y me dijo: “esto es para vos porque sé que vas a ser un buen bailarín”.

Era un baile popular, donde iba la gente a divertirse Sí, por diversión y también porque ahí en el baile era el único lugar donde esta gente, yo recuerdo, se sentía importante. Porque en todo lo demás no tenían nada. Eran el último estamento de la sociedad. Uno recogía y vendía botellas de puerta en puerta. Era casi un mendigo, pero a la milonga, ¡iba con unos trajes! Porque todo lo que ganaba lo invertía en sus trajes, con pañuelo y corbata. Creo que la motivación era tan esencial, tan desesperada, que por eso eran tan grandes bailarines. Ahora no existe esa motivación.

Entonces no hay bailarines de tango como los había antes Para nada. No se me enojen los bailarines de Tango. No tienen la menor idea de lo que se trata, en cuanto están forzosamente alejados de las raíces por razones lógicas.

¿Así empezaste a dedicarte al Tango, desde tus raíces? En el momento del contacto con el Tango yo iba a la Milonga y veía a un señor al que todo el mundo aplaudía y que era raro como bailaba.  Yo decía: qué especial que es. Con el tiempo me explicaron que este señor, por ejemplo,  era el último bailarín de un estilo que se llama Canyengue. Yo preguntaba si este hombre me podría enseñar. Pero ellos no enseñaban, sólo eran balarines… sobrenaturales. No le enseñaban a nadie, porque ¿cuál era el poder de ellos? Que eran únicos por su conocimiento del baile. ¿Y te lo van a dar a vos? Y yo decía, sí, ¿pero cuando él se muera?  Y conseguí que cinco de ellos me enseñaran sus respectivos antiguos estilos.  Y yo me volvía loco, hasta que me di cuenta que ya me habían dado hasta el último paso. Y empecé a grabar vídeos para que no se perdiera. Tengo 26. Yo tuve cinco de estos maestros que me enseñaron lo que simboliza y encierra toda la historia del tango.

Una gran contribución para conservar y difundir las raíces del Tango Pienso grabarlos de nuevo para la gente. Los tengo como un tesoro. Tengo ya uno sobre el estilo Tango de Salón que contiene las primeras 69 lecciones del Maestro José Vázquez “Lampazo” que me pueden solicitar a través de mi web o la de la Academia. Carmencita Calderón, que era la compañera del bailarín de Tango más famoso de todos los tiempos, de sobrenombre “El Cachafaz”, era mi madrina .Yo la agarraba a ella y le decía: me vas a explicar cómo baila “El Cachafaz”?. Y  me contestaba: no tengo ni idea, yo le hacía los adornos. Está bien, pero vos podrás decirme que sentías. Así como un trabajo de detective o de “tangoantropólogo”, sacándolo de la mente de Carmencita, lo terminé de hacer. Ella murió pasados los 100 años de edad. A veces me decía que conmigo se sentía como con él en muchos aspectos del baile.

¿Y cuándo decidiste asentarte en Europa? Por aquel entonces a través de otras octividades que no vienen al caso (aunque desde los 4 años de edad, cuando empecé, nunca dejé el baile) yo sentía que hacía algo por la gente. Entonces era cómo si me quitara una piedra de una mochila existencial y me sentía como liberado. En el 2002 decidí venir a Europa, donde yo había vivido tantos años y había hecho tanto Tango y tantas cosas. Dije basta. Yo me voy. Cerré todos mis negocios. Me harté. El problema que yo tuve para tomar esa decisión, es que tenía  que ser para dedicarme sólo al Tango y, con la herencia que había recibido, trabajar para que no se perdiera.

¿Te quitaste esa carga y entonces pudiste dedicarte completamente al tango? No… ese era el conflicto.  Te imaginás que llegás a la vida con la sensación de tener una mochila llena de piedras, y que cada vez que hacés algo por la gente es como que si te quitaras una.  Y me dijeron algunos amigos: “El Tango también puede ser liberador. Porque vas a hacer tantas cosas por la gente, que les vas a dar tanta alegría y le vas a cambiar la vida a más de uno.  Y es verdad. Una cosa que aprendí y confirmé es qué importante es dar. Porque muchos grandes bailarines no daban, se lo guardaban. Pero por mi preocupación algo de eso no se perdió. Y cuando yo empecé a enseñarlo todo, es cuando yo más recibí de la vida y más recibí del Tango mismo.

Has recibido el cariño del público de muchos lugares. ¿Muchas emociones y sentimientos especiales, no? Un día en Salzburg con la bicicleta tuve un accidente. Mi rodilla se hizo muchísimo daño y 12  días después yo tenía que bailar en Polonia. Yo era el único maestro que iba a estar allí. Me decían no hagas eso, estás loco. Pero hay pruebas por las que hay que pasar. Yo sabía que tenía que luchar contra esa piedra en el camino que me habían puesto. Yo decía: ¿Ustedes saben lo que sufrieron los polacos en la guerra? Yo voy a ir. Es importante para mí superar esto. Una vez allí, subí la escalera del escenario patéticamente, creo, disimulando, en una pierna y bailé. Me pidieron una milonga, que es muy rápida. Cuando terminé y me pidieron más tuve que disculparme y entonces les mostré la pierna. Con esas caritas, ¿cómo podía uno fallar? Curiosamente cuando yo me miro en el vídeo no parece que estuviera lastimado.

¿Así es cómo se adquiere el título de maestro? ¿Con ese empeño? Yo creo. Pero hay algo más, porque descubres que todos somos iguales. El Tango es el único que lo consiguió. Porque lo que no lo logró ninguna filosofía, religión, política o doctrina económica, lo ha conseguido el Tango: que dos personas de distinto color, cultura, educación, posición económica, idioma o raza se abracen y creen arte juntos durante tres minutos. ¿Sabes que el Papa Francisco antes bailaba Tango? Ama el Tango. Hasta los 21 años él iba a las milongas.

¿Cómo trasladaste el Tango a Europa? Bueno, el Tango llegó muchísimo antes; yo traje mi aporte, no hago otra cosa. Primero la Academia Nacional del Tango de Argentina me reconoció nombrándome Miembro Académico. Soy cómo un embajador cultural. También en la Universidad del Salvador hice Estudios Orientales, que tienen que ver con diplomacia, porque tengo una tendencia grande a viajar y a la difusión cultural. Y por ahí creo que hay que empezar. Estuve en todo el mundo con esto. Llevando el tango, luchando y siendo fundador en la medida de lo posible.

“Cuando yo empecé a enseñarlo todo, es cuando yo más recibí de la vida y más recibí del Tango mismo”.

 

Institucionalizando para darle unas bases sólidas. ¿Nace así la Academia del Tango en Austria? Sí. Cuando llegué a Austria, hace cinco años. Bailé para el gobierno en Salzburg y una mujer me preguntó: ¿Cuál es tu lugar en el  mundo? Y le dije Salzburg. Realmente es la primera vez en mi vida que puedo decir “siento que éste es mi lugar en el mundo“. Para agradecer lo que yo recibí de este maravilloso país, me dije: tiene que haber una Academia del Tango en Austria. Fui tres años a Argentina, a reuniones académicas. Los estatutos dicen que tiene que ser en una capital de país. Yo les dije: “en Salzburg, porque es capital de imperio, no con las armas, sino por la música”. Entonces vino el presidente de la Academia Nacional del Tango de Argentina, Horacio Ferrer, el poeta autor de las letras del músico y compositor Astor Piazzolla, y haciendo realidad mi proyecto creó oficialmente la Academia Nacional del Tango de la República de Austria y además la Escuela Europea del Tango, que es la única escuela de Tango que creó la Academia Nacional del Tango en el mundo, porque ni siquiera en Buenos Aires existe. Su función,expresamente definida por el presidente H. Ferrer, entre otras, es enseñar los estilos del Tango danza, certificar la idoneidad de los enseñantes y evitar las distorsiones a las que este arte está expuesto.

Son muchas las actividades de la Academia. ¿Todavía tienes muchas ideas y proyectos por realizar? Sí, hemos hecho muchas actividades. Pero es sólo el comienzo. Cada día es el comienzo. Y mientras la realidad no me demuestre lo contrario yo sigo bailando.

¿Cómo se acerca la gente al Tango? ¿Qué encuentran? ¿Qué reciben? Cada uno es un mundo. Quizá porque estuve toda la vida en eso y a veces puedo transmitir de manera no verbal algunos de esos viejos matices y vivencias, podemos los alumnos y yo revivir antiguas raíces de este arte.

Te preguntaba cómo se acerca o debería acercarse la gente al Tango porque ahora tienen la oportunidad de asistir a los Workshops que la Academia celebra todos los domingos en Viena Yo conozco 26 diferentes estilos de bailarlos entre Tango, milonga y vals. Los estilos han ido variando en cada periodo histórico durante toda la historia del Tango que ya tiene 160 años. Esta herencia es la que yo difundo en estos cursos. Cómo recién han empezado ahora, estoy centrado en el baile social. Cómo bailar sin más, sin pensar demasiado en cada estilo particular, porque vamos a una milonga, queremos saber cómo resolver los simples problemas que se presentan  y no queremos estar sentados. Y si en el devenir de ésto los alumnos se sienten interesados por algún estilo en particular, pues lo hacemos. A medida que van madurando, van más profundo y van descubriendo incluso las cosas del pasado, acercándose más a las raíces. Es como una máquina del tiempo.

Para bailar Tango, que parece tan técnico,  hay que ser sin embargo creativo, improvisar y dejarse llevar. Sí, claro, Pero necesitas que tenga una estructura, porque la herencia se ha transmitido por las figuras, como el paso básico. Es decir, si no tienes una base, entonces mañana se va a bailar el Tango con pasos de bachata.

¿Necesita la gente esa base para participar en los workshops? No, no, nada, nada. Cuánto menos sepan mejor. Que vengan cómo una hoja en blanco donde yo pueda empezar a poner las cositas. Y en el primer día ya bailan Tango. Todos.  Van a ser un poco limitados sus recursos pero van a bailar y disfrutar. Yo no soy “un maestro” no quiero que me vean como un maestro sino como “parte de un equipo donde buscamos la mejor manera de progresar juntos”.

¿Tú sigues aprendiendo también de tus alumnos? Sí, sí, claro. Yo necesito a los inexpertos porque van a cometer errores y me van a inspirar. Heide mi compañera a veces me dice: ¡ay me equivoqué! Y yo le digo no te olvides de esta equivocación.  Cómo fue, porque se vio muy lindo. Entonces lo reconstruimos y sale una figura que nadie hizo nunca. Y ella tiene muchas figuras así que a la gente le fascinan.

¿Y esa es la evolución del tango? No va a ver en la historia del tango dos personas que bailen igual.